6.9.17

Goya y James

Desde que observó la más enigmática de las Pinturas Negras de Goya, una incomodidad del tamaño de una lenteja se había instalado en el pecho de nuestro pequeño protagonista. Tal era, que decidió preguntar a su madre Helene, si sería posible algo nada común hasta la fecha, volver sobre un cuadro. Cómo no... -dijo para sí su mamá-. Con más razón tratándose de una obra nacida de lo desconocido, y mientras se le juntaban en el presente los luminosos silencios de Rothko y los campos de nácar de Andrew Wyeth, fue nuevamente insistida por el bueno de James Mala:
 - Creo que el perro es como si fuese Goya.
 - La obra se ha dado en titular, "Perro semihundido"
- ¿Él le puso ese nombre?
- No.
- ¡Lo sabía!
- ¿Qué quieres decir?
- ¿No lo ves?
- No ¿qué hay que ver?





- Que hay otra persona en el cuadro.
- No hijo, el perro está sólo -afirma Helene con voz de arpa-.
- En realidad no es un ser humano. Es uno que vivía dentro de Goya.
- Explícate James...
- Es muy fácil, cuando se metía para adentro como un caracol, no era un caracol sino un perro que caminaba y olfateaba por sus interiores para hablar con ese que vivía al fondo, detrás de la loma.
- Si no hay nadie James, son sólo manchas que se formaron al arrancar las pinturas de las paredes de La quinta del sordo...
- Si lo hay mamá, pero es difícil de ver. Tiene la cara redonda como los ángeles de los cuadros, está en la mitad de la pintura. Es como una sombra ¿lo ves?
- Creo que sí, tiene la cabeza algo inclinada como una marioneta sin hilos.
- Eso.
- Y el cuerpo es una mancha que cae por detrás de la loma.
- Y sólo se puede ver si miras como un perrito. Igual que los pájaros ¿a qué sí mamá? ¿a que sí?
- Los pájaros...-murmura Helene-.
- Tres pájaros que ya no se ven porque están volando hacia el fondo pero el perrito sabe que están porque oye como pían.
- Es como si fuera su ángel de la guarda. James...
- ¿Qué mamá?
- Que además de la lucha contra la adversidad, tendré en cuenta la posibilidad de que el perrito sea el propio Goya.
- Me gustaría saber de qué hablan...
- Y a mí ¿vemos otra?
- Vale, pero que conste que este es de los cuadros que más me gusta.
- Consta.
- Del mundo.
-Vale. ¿Qué me dices de esta?
- No parece de Goya...
- Hay mucha diferencia de calidad entre las Pinturas Negras.
- ¿Por qué?
- Porque las pintó sobre los muros de la Quinta del Sordo, su casa de Madrid y como había algunos paisajes previos, en varias escenas decidió reutilizados. Después, al pasar las pinturas a otro soporte muchas perdieron calidad pues fueron bastante retocadas, aunque otras no.
- ¿Era mayor cuando las pintó?
- Sí, tenía ya cerca de ochenta años, no le quedaba mucha vida por delante.
- ¿Por qué se pegan así?
- Fue un tipo de duelo, a garrotazos, que llegó a utilizarse en algunos pueblos hace mucho tiempo. Es una pelea a muerte, no pueden huir pues están enterrados por las rodillas.
- ¡Qué bestias!
- Eso pensaba el pintor, a veces los hombres son capaces de anularse.
- Los animales no se entoñan...
- No, cualquiera se avergonzaría de esta escena.
- ¿Quién es esta señora?
-Josefa Bayeu
- Tú eres más guapa mamá.
- Gracias James, tenía más o menos mi edad en esa pintura, pero no creas que no era bonita...
- Ummm...- carraspea James con los carrillos de fresa de Carmencita acariciándole las circunvoluciones-
- Es un retrato de una mujer alerta, fíjate bien.
 - ¿Sabes que pienso mamá?
- Dime...
- Que ella sabía que Goya hablaba con uno en sus adentros.
- Puede ser, cuando alguien alcanza a ver hasta allí, se le refleja en los ojos.
- Me gusta mucho Goya mamá ¿podemos ver más?
- Claro, el próximo día empezaremos por el principio de su vida.
- Vale, y el perrito lo vemos otra vez.
- Las veces que quieras James.

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